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De unas fechas a esta parte hemos vuelto a oír con fuerza la idea de soterrar las vías férreas en el entorno urbano y se pone como ejemplo a seguir Getafe. Desde ecomovilidad.net no creemos que sea un buen ejemplo porque a pesar de haber tenido algunas luces, entre las que destaca la eliminación de una enorme barrera en la zona central del municipio, son más las sombras, algunas de ellas muy serias e irresolubles como el asunto de las vibraciones.
Vibraciones a las que nos enfrentamos cuando tratamos de soterrar una línea con métodos inadecuados, primando el maximizar el tramo soterrado con la menor inversión antes que hacer las cosas en condiciones. ¿porque decimos esto? sencillo, soterrar una vía férrea no es lo mismo que soterrar una carretera. La solución empleada en Getafe implicaba la construcción de dos muros pantalla y una losa de cubrición que hace rasante con el viario, dejando la cota de vía en unos 5 metros de profundidad. Esta solución, que es óptima para túneles de trafico rodado, es manifiestamente ineficaz para enterrar una vía férrea, máxime en un tramo en plena vía y curva, donde la velocidad y la fuerza centrífuga generan vibraciones que se transmiten a la estructura del túnel y de ahí, a través del terreno, a las cimentaciones de las viviendas.
En este caso particular la solución optima, habida cuanta de la cercanía de las viviendas, habría sido realizar un túnel en mina, o en su defecto un túnel entre pantallas, pero estableciendo la cota de vía a unos 10 o 15 metros de profundidad, suficientes como para mitigar las vibraciones tal y como sucede en obras similares como la ampliación de la línea 1 de metro, en su tramo entre Congosto y Villa de Vallecas.

A la izquierda la solución ejecutada. A la derecha una solución que habría minimizado las vibraciones































